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La enseñanza de la Biblia sobre el uso y el abuso del vino Flavio H. Arrué |
Desde antiguo han existido, tanto
en círculos religiosos como en escuelas moralistas no necesariamente vinculadas
al cristianismo, sistemas de reglamentación de abstinencia total que prohíben
no sólo el uso del vino, sino también de alimentos y un sinnúmero de cosas más.
Las mismas escuelas fariseas imponían el lavamiento de manos, y las escuelas
abstemias imponen el lavamiento de labios, respecto de lo cual el Señor dijo: “Oídme
todos, y entended: Nada hay fuera del
hombre que entre en él, que le pueda
contaminar; pero lo que sale de él, eso es lo que contamina al hombre. Si
alguno tiene oídos para oír, oiga” (Marcos 7:14-16). El mal, según el
pensamiento del Señor, está en la acción moral, en lo que hay y en lo que sale
del corazón. No se puede generar espiritualidad mediante la imposición y el
rígido cumplimiento de meras reglas exteriores, es necesario dar el primer paso
para el hombre natural según Dios —nacer de nuevo— para entender la voluntad de
Dios (Juan 3). Y así el hombre nacido de nuevo, comprende las cosas
espirituales y el valor que Dios da en su Palabra a las cosas (1.ª Corintios
2). La Biblia nos previene de ser legalistas con los
alimentos, bebidas y otras cosas, de no imponer a otros reglas y prohibiciones
humanas más allá de lo que prescribe la Escritura (Colosenses 2:16-23). El
sistema judaico se basaba en estas reglas exteriores, las que eran sólo temporales
hasta que viniese Cristo y la consiguiente reforma de estas cosas: “Lo cual es
símbolo para el tiempo presente, según el cual se presentan ofrendas y
sacrificios que no pueden hacer perfecto, en cuanto a la conciencia, al que
practica ese culto, ya que consiste sólo de comidas y bebidas, de diversas
abluciones, y ordenanzas acerca de la carne, impuestas hasta el tiempo de reformar las cosas. Pero estando ya
presente Cristo…” (Hebreos 9)
La
Biblia aprueba el uso del vino, pero condena su abuso
En lo que respecta
al vino, la enseñanza uniforme de las Escrituras es que ellas no condenan el uso del vino, sino su abuso. Ésta es la conclusión inevitable
a la que llega cualquiera que lea todas las Escrituras acerca de este tema. ¿Es
malo el vino en sí mismo? ¡No!
¿Condena la Biblia el uso del vino?
¡No! ¿Condena la Biblia el abuso del
vino? ¡Sí!
Algunos aseguran
que el vino es la causa de pecado de un hombre, como si la culpa de su
alcoholismo fuese del vino en sí mismo; pero no se comprende que lo que la
Escritura sopesa al hablar de estos temas no es la sustancia llamada vino (a diferencia de las escuelas legalistas),
sino la acción moral del hombre, esto
es, del uso debido o indebido que hace
de estos dones de Dios. Para ilustrar esto: un cuchillo no es algo malo en sí
mismo, pero puede ser usado para dañar o matar a otros, y ésa es la mala acción
moral en el uso, bueno o malo, de las cosas, y lo mismo podría decirse del
dinero, el cual puede ser bien usado como mal usado, pero nunca el abuso debe
ser excusa para condenar el buen uso de estas cosas que nunca son malas en sí
mismas.
Beber «un poco de
vino», no ser adicto a «mucho vino», no «excederse» con el vino, son directivas
imperativas de la Palabra para mantener la sobriedad de los santos, pero en ningún caso hay prohibición. Y
condenar el uso del vino —lo que la
Biblia no hace— es simplemente caer en las reglas humanas de las escuelas
fanáticas de abstinencia total que siguen la línea de prohibiciones de
Colosenses 2:16-23. Pero el abuso,
como todas las cosas que Dios nos da para nuestro buen uso, siempre ha de ser enérgicamente censurado.
Ejemplos del Antiguo Testamento
Si vamos al Antiguo Testamento, veremos desde el
principio que el vino embriagó a Noé (Génesis 9) y a Lot (Génesis 19). Luego,
en el libro de Proverbios, esto fue motivo de severas advertencias en el mal uso de estas bebidas (Proverbios 20;
23; Isaías 5; 28, etc.). También encontramos que el vino constituyó un estímulo
natural para Abraham e Isaac (Génesis 14 y 27), y así se lo consideró, ya
literalmente como figuradamente (Deuteronomio 14; Salmo 104; Proverbios 9; 31,
etc.).
Ejemplos del Nuevo Testamento
El Nuevo Testamento sigue la misma línea,
y no ofrece ninguna dificultad del principio que afirmamos. El Señor comenzó
sus milagros convirtiendo el agua en vino (Juan 2). Algunos osan decir que la
bebida que el Señor produjo a partir del agua, era un vino no fermentado. Las escuelas prohibicionistas abstemias se
esfuerzan por demostrar que ese vino no estaba fermentado, para lo cual
presentan una serie de argumentos que van en contra del lenguaje de las
Escrituras.
Veamos:
Dice la Escritura:
“Como probase el
maestresala el agua hecha vino (hudor oinon gegenomenon)... Todo
hombre pone primero el buen vino (kalon oinon), y cuando están
borrachos el peor (ton elasso); tú has guardado el buen
vino (kalon oinon) hasta ahora” (Juan 2:9-10, Lacueva, NTI).
A cualquier
conocedor de las lenguas bíblicas, y a cualquier lector atento de la Escritura,
le resultará claro saber de qué se está hablando cuando aparece la palabra
“vino”, con sólo leer las frases comparativas:
Buen
vino (kalon
oinon): puesto al principio de una boda. Con él algunos se embriagaban (evidentemente
es una bebida fermentada).
El
peor [vino] (ton
elasso): Después de tomar “el buen vino”, para lo último se
reservaba “el peor [vino]”. Tiene que ver con la calidad del vino. Pero siempre se habla
de la bebida usual en las bodas de la época: vino, como siempre ha sido vino.
Jesús lo que hace
es proveer el buen vino (kalon oinon) desde el mismo
principio de las bodas. El pasaje se interpreta solo.
Unas aclaraciones respecto a la lengua original
Ahora bien, si
buscamos en la lengua griega (por ejemplo, los léxicos o diccionarios de uso
común), todos coinciden en que:
«Oi\no",
oinos, (vinum) es incuestionablemente ‘el término general para el jugo de la uva
fermentada’ (Smith's Dictionary of Greek
and Roman Antiquities, pág. 1044.) Cuando la palabra está acompañada por
términos calificativos, era, como nuestro ‘vino’, capaz de ser aplicada a vinos
hechos de jugo de palmera, de loto, etc. Similarmente modificado, era incluso
usado del jugo fermentado de manzanas, peras, etc., y de cebada, trigo, etc.
Había, además, una extensa clase denominada oi\noi
uJgieinoiv dentro de las cuales se introducían drogas
medicinales. No sólo, dice el Prof. Ramsay, eran agregadas especies, etc.
dentro del vino o incorporadas durante la fermentación, sino que incluso el
exquisito aceite esencial perfumado (ungüenta) se mezclaban con él antes
de ser bebido. En Apocalipsis 6:6 oi\no" es utilizado, por metonimia, para el fruto de la vid. Pero tal caso
no provee el menor fundamento para la noción de que denote o pueda denotar,
propiamente, algo que no sea vino, esto es, licor de uva fermentado. Tal razonamiento trastornaría las bases de cualquier lenguaje...» (The
testimony of the Bible to the use and abuse of wine, W. Kelly).
Vine, en su Diccionario expositivo de palabras del Nuevo
Testamento, define con igual precisión el término oinos (vino):
«OINOS es el término general para el vino.
La mención de la rotura de los odres de cuero: Mateo 9:17; Marcos 2:22; Lucas
5:37; implica fermentación. Véase
también Efesios 5:18 (compárese Juan 2:10; 1 Timoteo 3:8; Tito 2:3)...»
Respecto de la
definición de la escuela abstemia total de que «oinos» (vino) significa «no fermentado», es sencillamente
contradicha por los mismos diccionarios y enciclopedias comunes del idioma, los
que demuestran que el fanatismo de estas escuelas es tal que les obliga a
asignar a las palabras un significado contrario al que tienen. Cualquier
diccionario define vino, siempre y en todos los casos como algo fermentado, sino, no es vino. La Enciclopedia
Encarta, por ejemplo, dice:
«Vino, término que se aplica a una
bebida alcohólica elaborada por fermentación del jugo, fresco o
concentrado, de frutas o bayas. La mayor parte del vino, sin embargo, se
obtiene por fermentación del jugo de uvas frescas y el término, a falta de más
aclaraciones, se entiende que responde a esta segunda definición. La graduación
de los vinos varía entre un 7 y un 16% de alcohol por volumen; la mayoría de
los vinos embotellados tienen entre 10 y 14 grados. Los vinos dulces (véase
Producción) tienen entre un 15 y 22% de alcohol por volumen.»
La Enciclopedia Británica define:
«WINE: The fermented juice of the
grape» (el jugo fermentado de la
vid).
Por lo tanto, no
queda lugar a dudas de qué estamos hablando cuando tenemos la palabra «vino» (oinos).
Más ejemplos del Nuevo Testamento
Siguiendo con
nuestro recorrido por el Nuevo
Testamento, en Lucas 7 vemos que
al Señor se lo compara de manera infame con su predecesor por cuanto Él no se
abstenía de beber vino, mientras que Juan el Bautista sí. Pero el Señor mismo
hizo del pan y del vino los símbolos permanentes de su memorial y de nuestra
comunión cristiana (1.ª Corintios 10), cuyo uso, si fuésemos a seguir la lógica
legal de los fariseos, sería algo malo.
En las Epístolas, se nos manda a ser
llenos del Espíritu Santo, en contraste con estar embriagados “con vino, en lo cual hay
disolución” (Efesios 5:18). Y también el Espíritu advierte cuál será el fin de
los borrachos, los cuales no
heredarán el reino de Dios (1.ª Corintios 6:10; Gálatas 5:21). Y también
corrige los excesos de los corintios
en cuanto al vino en la Cena del Señor (1.ª Corintios 11:21-22). Advierte a los
creyentes, especialmente a los que servían en la asamblea, contra los excesos del vino en la vida diaria:
“Pero es necesario que
el obispo sea… no dado al vino”
(1.ª Timoteo 3:3).
“Los diáconos asimismo
deben ser… no dados a mucho vino”
(1.ª Timoteo 3:8).
“Porque es necesario
que el obispo sea… no dado al vino”
(Tito 1:7).
“Las ancianas asimismo
sean… no esclavas del vino” (Tito
2:3).
En 1.ª Timoteo 3:3 y
Tito 1:7 la palabra griega es paroinos,
que, según Thayer, significa «uno que se apoya mucho tiempo en su vino; dado al
vino, borracho» (A Greek-English Lexicon
of the New Testament). Es claro que el prefijo para denota exceso.
En 1.ª Timoteo 3:8 la
expresión me oino pollo prosechontas,
está literalmente vertida en nuestra versión Valera: «no a vino mucho dados»,
denotando, igual que en el caso anterior, exceso pero no prohibición.
Y en Tito 2:3 se
dice: mede oino polo dedoulomenas,
esto es, «no por vino mucho esclavizadas»,
de donde vemos que el mucho vino, o
sea, el exceso, es lo que la
Escritura condena, pero no el uso moderado.
En 1.ª Timoteo
5:23, el apóstol ordena al joven Timoteo que tome, no agua, sino un poco de
vino por causa de su estómago y de sus frecuentes enfermedades. Es evidente que
Timoteo no acostumbraba a beber vino, pero la gracia de Dios muestra sus
cuidados hasta en estos detalles que tienen que ver con el cuerpo físico y sus
debilidades: nada de malo había en beber un poco de vino.
La Palabra
diferencia claramente entre el uso moderado del vino y un “borracho”. En 1.ª
Corintios 5, por ejemplo, se nos dice con quién no debemos ni siquiera comer, y quién es considerado “perverso”: Es un borracho, no alguien que bebe
moderadamente vino:
“... No os juntéis con ninguno que,
llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis. Porque
¿qué razón tendría yo para juzgar a los que están fuera? ¿No juzgáis vosotros a
los que están dentro? Porque a los que están fuera, Dios juzgará. Quitad, pues,
a ese perverso de entre
vosotros” (1.ª Corintios 5:9-13).
Pero nadie tiene
derecho a no juntarse o considerar “perverso” a un hermano que no es borracho, y
que solamente disfruta de un poco de vino con las comidas, o hace un brindis en
alguna ocasión especial. Mezclar ambos conceptos ―lo que no hace la
Escritura― es errar grandemente, y una falta de discernimiento
espiritual.
Respecto de las
principales objeciones modernas de
parte de las escuelas abstemias totales, William Kelly observó:
«La conclusión a
la que se llega es irresistible: la abstinencia total, como regla general, no
tiene ni ha tenido jamás, la aprobación divina. Es un invento en conflicto con
los claros hechos y con la doctrina de las Escrituras, ya en relación con los
judíos, ya con los cristianos. En el Antiguo Testamento yayin, y en el Nuevo Testamento oinos
—las palabras comunes para vino en
las Escrituras hebreas y griegas respectivamente— son usadas tanto en una buena
como en una mala relación; por cuanto el mal moral no reside en la cosa misma,
ni en su uso, sino en su abuso. Había diferentes clases de vino entonces
(Nehemías 5:18) como las hay ahora. Pero no hay un solo pasaje que sugiera una
particular clase de yayin que pudiera
no embriagar. Es más, lo que la Escritura dice, desaprueba la fantasía, como lo
demuestra abundantemente el análisis de todas las veces que el término aparece.
Así, Números 6:3 establece contundentemente que yayin significa jugo de uva
fermentado, y eso en la etapa vinosa a diferencia de la etapa acética;
excluyéndose también otras bebidas fermentadas, vinagre, licores de uva no
fermentados, así como el sólido fruto de la vid. Nosotros que adherimos al
sentido regular de la palabra, no estamos obligados a presentar pruebas
específicas; se nos da la facultad de tomarla en el mismo sentido dondequiera
que aparezca, a menos que se muestre en contra alguna causa positiva. Pero
aquellos que afirman que en ciertos lugares la palabra tiene un significado
diferente, están, en cada caso, obligados a dar razones Escriturarias adecuadas
que generen convicción. Esto no lo pueden hacer nunca. Negamos la afirmación
que hacen: y sobre ellos recae el peso de la prueba[1].
Los Reformadores de la Temperancia pueden
ser divididos en dos clases: están aquellos que consideran que los licores
alcohólicos son esencialmente tóxicos[2] y, por lo tanto, malos como bebidas, y que en los tiempos bíblicos había
dos géneros distintos de vinos, etc.: uno no fermentado que era una bendición,
y el otro fermentado que era una maldición. Pero los sectores moderados
reconocen que el uso de alcohol no es en sí mismo pecaminoso; que hombres inspirados,
incluso Cristo mismo, no se abstuvieron; que el uso habitual de bebidas fermentadas cuenta con la aprobación de la
Biblia: no obstante, ellos aducían que, aunque su consumo era legítimo, no era conveniente. Es evidente que el último sistema destruye al primero.
Entre ambas partes, la diferencia es agudamente sentida, si juzgamos por la
inusual acritud de sus recriminaciones. Los partidarios de la conveniencia
pronuncian que la doctrina de los ultra-abstemios son: ‘lucubraciones ridículas
y pestíferas’, ‘errores maliciosos’ y ‘engaños modernos’ y, dirigidas en su
contra, reciben a cambio que, en su forma presente, su teoría es ‘una absurda y
blasfema abominación, y cuanto con más desdén sea rechazada, tanto mejor’; ‘es
un fraude y una falsificación de la peor descripción’. Puesto que éste es el
espíritu con que se tratan unos a otros, aquel que se ve forzado a condenar a
ambos, no puede esperar sino poca cortesía de cada uno de los partidos.
Examinemos, no
obstante, sus argumentos. Empecemos primeramente por aquellos que defienden «la
abstinencia completa y consistente de bebidas alcohólicas».
Las palabras para
vino, dicen ellos, ‘deben haber sido, al
principio, necesariamente aplicadas y restringidas a jugos frescos no fermentados. El primitivo
proceso de expresión de uvas, está bien expresado en Génesis 40:11, y también
por Milton’, etc. Ahora bien, todo aquel estudioso de las Escrituras debe saber
que esta declaración no sólo carece de pruebas bíblicas, sino que la Biblia la
contradice. Noé “bebió del vino, y se embriagó” (Génesis 9:21). Ésta es la
primera aplicación que la Escritura registra de la palabra “vino”. ¿Está
restringida a jugo fresco sin fermentar? ¿Acaso no significa necesariamente el
licor de uva fermentado? Este caso
ocurrió mucho tiempo antes del sueño
del mayordomo de Faraón, por más que el proceso allí descrito haya sido llamado
«expresión de uvas» en el capítulo,
pero en realidad no lo es. Tampoco los ensueños de un «Paraíso perdido» en
cuanto a Eva son de peso sobre tal asunto.
Se nos refiere a Levítico 10, «donde la abstinencia total es proclamada como el
remedio seleccionado por el Eterno para la intemperancia». Pero, en primer
lugar, la restricción se aplica únicamente a
Aarón y a sus hijos. En segundo lugar, sólo entraba en vigor cuando ingresaban al tabernáculo. ¿Es
esto proclamar la abstinencia total? ¿No implica más bien la normal libertad de
los sacerdotes para hacer uso de lo que estaba prohibido tan sólo en una
ocasión especial? Otro escritor de la abstinencia total nos recuerda que bajo
el Nuevo Testamento, todos los creyentes son sacerdotes. ¿Se olvida el tal que
si los hijos de Aarón han de ser interpretados espiritualmente, también lo han
de ser el tipo del vino y de la bebida fuerte? Es así que el gozo y la euforia
naturales son simbolizados bajo la figura de estas bebidas, como el
descubrimiento de la cabeza y la rasgadura de las vestiduras eran los símbolos
del dolor natural. Ninguno de los dos conviene a aquellos que gozan de la
cercanía a Dios. La presencia divina debía silenciar ambos. Así pues, ya sea
que consideremos el tipo o el antitipo, Levítico 10 no proclama la abstinencia total.
Luego se nos menciona
‘el establecimiento de la primera Sociedad
de Abstinencia Total entre los santos
nazareos’. Ahora bien, no sólo los
nazareos constituyen un caso particular como el de los sacerdotes, sino
que hay puntos esenciales al nazareo que
difieren igualmente de la teoría y la práctica de la Sociedad de Abstinencia Total. La separación del nazareo constaba de tres grandes partes:
no debía comer ni beber nada
proveniente de la vid; debía dejar crecer su cabello, y no debía acercarse a un
cuerpo muerto. Ninguna de estas tres cosas es presentada como un principio
moral. Todas eran ordenanzas según la carne, “impuestas hasta el tiempo de
reformar las cosas” (Hebreos 9:10). Beber vino era algo que contaminaba al
nazareo; pero también lo contaminaba igualmente el hecho de que cortara su
cabello. El cristianismo no está sujeto a ninguna parte de la ordenanza como
tal, aunque sí podemos sacar provecho de ella mediante las verdades que prefigura. Además, cuando los días de su
separación se hubieren cumplido, Dios ordenó que el nazareo rapase su cabeza y
pudiese beber vino (Números 6:13-20). ¿Acaso Dios ordenó lo que está mal? El
nazareo entonces era libre de beber el mismo vino que antes le había sido
prohibido. ¿Acaso este permiso
encuadra con la abstinencia total? Por último, ¿qué tienen en común el
principio de una separación de todo
fruto de la vid con el voto de abstinencia total? Al nazareo se le prohibía
tanto lo fermentado como lo no fermentado, tanto lo sólido como lo líquido.
¿Acaso esto concuerda con el razonamiento de la obra ‘Tirosh lo yayin’ o de cualquier otro escrito acreditado de los
Abstemios totales? Si ni un solo versículo entero de Números 6 puede ser
honestamente interpretado a favor de su sociedad, ¿por qué entonces citan el
rito del nazareo como su precursor? Y ¿cómo tratan de escapar de la trampa en
que ellos mismos han enredado sus propios pies?: Se ven forzados a admitir que
de todo lo que pertenece a la vid, los nazareos igualmente se abstenían, pero
—con engreído escepticismo— agregan que nosotros —con nuestro mejor
conocimiento de química— ¡por supuesto que no! ¿Pueden los cristianos atender
dócilmente semejante desprecio por la Palabra de Dios? La insensatez de estas
expresiones, además, es sólo menos grosera que el pecado; porque ¿qué tenía que
ver un nazareo con química?
Basta señalar el
mensaje del ángel de Jehová a las madres de Sansón y de Juan el Bautista
para ver que el de ellos era un nazareato extraordinario.
Asimismo, los recabitas obedecieron
tanto en el hecho de no edificar ni de sembrar, como en el hecho de no beber
vino. Si su caso se aplicase cabalmente, las pruebas irían demasiado lejos. Si
probara que los hombres no debían beber vino,
probaría que ellos no debían edificar casas
(Jeremías 35). También Daniel y sus
amigos se abstuvieron de la comida del rey así como de su vino. Si bebieron
agua, comieron legumbres. Era una cuestión de purificación judaica[3], no de
moral. Por eso, Daniel 10:3 da a entender claramente que, salvo en
circunstancias especiales, como durante el ayuno, el profeta sí comía carne y bebía vino.
La copa ofrecida al Señor en la cruz, que él rehusó
beber, no consistía meramente de vino, y, por ende, no incide en la presente
cuestión. El caso de Timoteo, como
lo hemos visto, demuestra lo contrario de lo que se intenta probar en la cita.
El lector tiene ante
sí el argumento bíblico del partido extremo. Que juzgue si el caso de la
sección moderada no es un decidido fracaso. Ellos apelan a Romanos 14:21 y 1.ª
Corintios 8:13. La pregunta es: ¿Coincide el alcance de estos textos con el de
una Sociedad de Abstinencia Total?
¿Es el “hermano débil” un borracho, por cuya causa el cristiano ha de prohibir
el uso de su libertad?[4]
La simple lectura de
1.ª Corintios 8 muestra que nada está más lejos del pensamiento del Espíritu.
La cuestión allí tiene que ver con “cosas ofrecidas a los ídolos”. La cuestión
de la Abstinencia total, nada tiene que ver con tales ofrendas. Es decir, los
rasgos esenciales de las dificultades de los corintios, no existen en el caso
de la Temperancia. Romanos 14 (aunque menciona el vino, lo cual no lo hace 1.ª
Corintios 8) viene poco al caso. En Roma, la disputa crecía no a partir de la
idolatría gentil, sino de los escrúpulos religiosos de los convertidos judíos,
quienes, en ciertos días, no participaban de comidas y bebidas. Por eso vimos a
Daniel abstenerse de sus hábitos alimenticios durante tres semanas enteras, y
todos los judíos testificaban similarmente de la aflicción de su alma en el día
de la expiación. Pero es ridículo aplicar tal principio a la Sociedad de la
Temperancia. Algunos gentiles en estos días pueden abstenerse de licores
fermentados; otros pueden adoptar una dieta vegetariana. ¿Ha de ser sacudido el
cristiano de aquí para allá al antojo de un mundo que lo pervierte todo? ¿Debe
él rechazar algo que Dios creó para que fuese recibido con acciones de gracias
de parte de aquellos que creen y conocen la verdad? Por último, la manera en
que “el hermano débil” es tratado, es tan odiosa como falsa. 1.ª Corintios 5
demuestra sin lugar a dudas que un borracho es una persona perversa que debe
ser puesta fuera de la Iglesia, no un hermano débil con quien hay que ser
tolerante. Pero Romanos 14 describe una clase totalmente diferente, no falsos
profesantes de una marcha relajada e impía, sino verdaderos cristianos que han
realizado débilmente su liberación de todas las cuestiones acerca de cosas
legalmente puras o impuras. Por consecuencia, ellos retenían una conciencia en
esclavitud en cuanto a días, comidas y bebidas. ¿Dónde está la analogía entre
los casos de Romanos y Corinto, y la Sociedad
Abstinencia Total? No existe ninguna. Mas si la hubiera, es claro que su
argumento a partir de Romanos 14 y 1.ª Corintios 8, perece por completo» (The testimony of the Bible to the use and abuse of wine, W. Kelly)
Respecto del uso de vino en la Cena del Señor, C. H.
Mackintosh respondió a un corresponsal:
«Hemos leído el
escrito que nos envió tan amablemente, y sólo podemos decir que creemos que el principio
sobre el que se apoya es enteramente falso, y muchas de sus afirmaciones, son
totalmente reprensibles. No nos atrevemos a reproducir en estas páginas el
desagradable epíteto con que el autor osa calificar la copa en la Cena del
Señor en los casos en que se usa licor fermentado. Sólo podemos maravillarnos
por lo temerario del lenguaje empleado por ese hombre. Se empeña en pretender
hacernos participar de una sola forma o no participar en absoluto, en vez de
usar licor fermentado.
Ahora bien, nos sentimos
llamados a expresar nuestra más decidida condenación de tal enseñanza. Creemos firmemente que el vino del que toda
la Escritura habla, es fermentado. Suministrar pruebas, implicaría llenar
un volumen. Varios casos se registran en el Antiguo Testamento en los cuales
vemos personas que experimentaron y manifestaron los efectos embriagantes del
vino. Y los preceptos del Nuevo Testamento claramente implican la misma cosa.
“No os embriaguéis con vino” sería una advertencia sin sentido si no se trataba
de vino fermentado (Efesios 5:18). Pero le preguntamos, querido lector, ¿en qué
parte de la Biblia hay alguna autoridad para señalar con particularidad una
cosa creada por Dios, e imponer que la gente haga un voto en contra de tocarla?
Leemos en la Escritura que “todo lo
que Dios creó es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de
gracias; porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado” (1.ª
Timoteo 4:4-5). Timoteo fue exhortado por el inspirado apóstol a ya “no beber
agua, sino usar de un poco de vino por causa de su estómago y de sus frecuentes
enfermedades” (1.ª Timoteo 5:23). ¿Debía haber rechazado el consejo apostólico,
a causa de que muchos tenían el mal hábito del alcoholismo? Siguiendo el mismo
argumento, podríamos decir que está mal comer un bocado de carne porque hay
glotones en el mundo; o tener unos centavos en el bolsillo porque hay avaros en
el mundo. Bien sabe, querido amigo, que recientemente nos hemos pronunciado
plenamente sobre el tema del uso de bebidas alcohólicas; pero al hacerlo,
tomamos cuidado de guardarnos contra la idea de estar escribiendo en defensa
del principio de la abstinencia total. Nos preocupa que los cristianos ejerzan
un piadoso cuidado y dominio propio en referencia al uso de bebidas alcohólicas;
pero repudiamos por completo el principio expresado en el escrito que nos
envió; y nos manifestamos por escrito en su contra para que nuestro silencio no
sea considerado como prueba de nuestra simpatía con sus opiniones» (Things New and Old).
Por último, si
estamos en presencia de “hermanos débiles” respecto de estas cosas, estamos
sobre el terreno de Romanos 14:21, y es bueno no tomar vino delante del hermano
para no ofenderle. Tenemos libertad con el vino (responsablemente) en el Señor,
pero no para ofender la conciencia de nuestros hermanos débiles.
Conclusión
La Palabra de Dios, aunque condena
el abuso del vino, nos habla de su uso medicinal y doméstico, así como de su
uso en fiestas y ocasiones particulares, como las bodas.
a) Un uso medicinal para dar ánimo al desfallecido, para dar alegría a
los de amargado ánimo, para olvidar su miseria y sus dolores (Proverbios
31:6-7), un efecto benéfico sobre las heridas (Lucas 10:34) y sobre el
cansancio (2.º Samuel 16:2). El apóstol Pablo aconsejó a Timoteo que usara un
poco de vino a causa de sus frecuentes indisposiciones (1.ª Timoteo 5:23).
b) Un uso doméstico. El vino se ofrecía a los huéspedes (Cantares 5:1;
8:2; 1.ª Corintios 11:22; Juan 2:10). Su uso estaba prohibido a los sacerdotes
antes de su entrada en el tabernáculo de reunión (Levítico 10:9). Se
recomendaba a los reyes y a los jueces que no bebiesen vino, no sea que se
equivocasen en su juicio; y asimismo el sacerdote y el profeta también podían
extraviarse por el abuso del vino (Proverbios 31:4-5, Eclesiastés 10:17; Isaías
28:5-7).
Vemos pues una advertencia, por parte de Dios, para el
hombre en general, y para Sus hijos en particular, contra los excesos en el uso
del vino.
Hay un riesgo serio de dejarse dominar por el uso del vino
progresivamente (Proverbios 23:31-35), y es mejor detenerse antes de que sea
demasiado tarde. “Porque el que es vencido por alguno es hecho esclavo del que
lo venció” (2.ª Pedro 2:19). Según Isaías 28:1, puede ser “aturdido del vino”,
y entonces se convierte en esclavo con consecuencias que van de mal en peor.
La Palabra de Dios advierte del
peligro de envilecimiento de aquel que no sabe moderarse (ejemplos de la
embriaguez de Noé y de Lot, y sus consecuencias, Génesis 9:20-21; 19:30), de un
endurecimiento de corazón; ejemplo de Nabal (1.º Samuel 25:36-38), y afirma que
la embriaguez es un grave pecado (1.ª Corintios 6:10-11) que Dios puede
castigar.
El Nuevo Testamento advierte a los
servidores (diáconos), a los supervisores (obispos) y a las ancianas que no se
entreguen al vino (1.ª Timoteo 3:3, 8; Tito 1:7; 2:3).
El vino implica disolución
(Efesios 5:18), es decir, tener hábitos disolutos: el vino priva de los
sentidos (Oseas 4:11), haciendo que el hombre de Dios sea incapaz de tener el
discernimiento de lo que conviene o de lo que no conviene.
Un versículo que debe observarse,
Isaías 5:11-12, donde hallamos la asociación de la música y la bebida, con la
maldición anunciada a los que corren en pos de estos banquetes ya que no
consideran la obra de Jehová.
En cuanto al hijo de Dios, su
cuerpo es templo del Espíritu Santo, y debe ser capaz de refrenar todo el
cuerpo (Santiago 3:2). Es exhortado en múltiples ocasiones a la sobriedad (1.ª
Tesalonicenses. 5:6, 8; 2.ª Timoteo 4:5; Tito2:2, 6; 1.ª Pedro 4:7; 5:8) y a no
dejarse dominar por ninguna cosa (1.ª Corintios 6:12). Un exceso de vino puede
provocar el escarnio (Proverbios 20:1) y el bebedor empobrecerá (Proverbios
23:21).
En resumen, el exceso en el vino y en las bebidas fuertes implica
envilecimiento, endurecimiento del corazón, hábitos disolutos, degradación y
esclavitud para los que así son vencidos. La sobriedad es recomendada mucho por la Escritura. La abstinencia es
manifestada por hombres que se consagran a Jehová (Números 6 y Jeremías 35),
sin que ello sea una ley para el cristiano. En caso de no ser capaz de
mantenerse sobrio, es mejor abstenerse completamente. Y también en caso de que
se corra el riesgo de escandalizar a algún “hermano débil”, se debe tener en
cuenta Romanos 14.
Ed.
APÉNDICE 1
Diccionario
expositivo de palabras del Nuevo Testamento (W. E. Vine):
«La intemperancia es el abuso del
vino, y en contra de tal abuso hay abundantes protestas y advertencias en las
Escrituras. El vino es mencionado junto con el aceite y el grano entre los
buenos dones con los que Dios bendecirá a su pueblo terrenal (Deuteronomio
7:13; Salmo 104:15,). Era ofrecido a diario en el templo como libación, Números
28:7.
El Señor aludió a la diferencia
entre él mismo y Juan el Bautista con estas palabras: “Vino Juan el Bautista,
que ni comía pan ni bebía vino… Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe”
(Lucas 7:33-34).
El vino fue creado por el Señor en
su primer milagro (Juan 2:3-10); y él dijo en la última Pascua: “De cierto os
digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba
nuevo en el reino de Dios” (Marcos 14:25). La designación “fruto de la vid”
para significar vino, era una expresión normal: cp. Tratado Berakoth 6:1, en la Misná, donde también se afirma que el
vino era empleado en la Pascua (tratado pesahim
X); cp. Herodoto, 1:212. El Señor instituyó la Cena memorial con la copa de
vino llamada “de bendición”, la tercera en el ritual de la Cena Pascual.
Pablo recomienda a Timoteo que
tome un poco de vino debido a sus frecuentes enfermedades, 1 Timoteo 5:23; el
diácono no debe ser dado a mucho
vino, 1 Timoteo 3:8; las ancianas no deben quedar esclavizadas por un exceso
de vino (Tito 2:3) (F. Lacueva, ‘ni por vino mucho esclavizadas’, Nuevo Testamento interlineal).
Hay, por todo ello, adecuada
evidencia de que el vino es considerado como un don benéfico de Dios, del que
el hombre puede hacer un moderado empleo. Sin embargo, si alguien no tiene
poder sobre sus apetitos, es indudable que hará mejor en abstenerse. Los borrachos
no heredarán el reino de Dios (1 Corintios 6:10).
El beber vino, lo mismo que el
comer carne, puede ser ocasión de caída para un hermano débil, Romanos 14:21,
especialmente en relación con lo sacrificado a los ídolos (cp. 1.ª Corintios
8:10-13). En todo caso, la abstinencia no puede ser impuesta como norma
general, ni permanentemente, sobre los que han reconocido su libertad en el
Señor (Colosenses 2:16). El criterio para la recta actuación debe ser la
libertad en el Señor, informada por el amor a los hermanos y por la sobriedad,
en gratitud hacia Dios, el Creador y Sustentador de la vida.»
APÉNDICE 2
NOTAS
[1] N. del A.— De ahí la falacia de razonar acerca de palabras tales como
«pagano», «criado», etc. de las que se
sabe que han cambiado su significado. Esto no puede asumirse en cuanto a yayin.
Además, el alegado paralelismo no subsiste. Cuando el vocablo «pagano» fue
empleado por primera vez, , no tenía el sentido de «idólatra»; mientras que,
cuando yayin se emplea por primera vez en la Escritura, él sí tiene el sentido de «licor de uva
fermentado» (véase Génesis 9:21; 19:32-35).
[2] N.
del A.— Autores de Toxicología incluyen el alcohol en la lista. Pero también
los más capaces lo hacen con el cloruro de sodio o sal de mesa común. Véase
Taylor, sobre Venenos, páginas 2, 3, 291. ¿Es acaso el uso de la sal, como
condimento de las comidas, algo malo o inmoral?. El mismo principio se aplica
al vinagre.
[3] N. del A.— ¿Quién es el
que apela a los sacerdotes o a los nazareos, a Sansón o a Daniel? ¿No son los
defensores de la abstinencia total? ¿Y a quién, pues, se le habrá de imputar la
falacia de que el registro de una práctica judaica establece su propiedad como
principio cristiano?
[4] N. del A.— Véase «Los
reclamos Escriturarios de la abstincia total» por Hall, B.A., páginas 4,
10,11,15,16,24 (1848).
FUENTES
Para visualizar los caracteres griego y hebreo, es
imprescindible tener instaladas los dos tipos de fuentes siguientes (descárguelas y cópielas dentro de la carpeta
de FUENTES de WINDOWS):
Lectura recomendada (en inglés):
(El testimonio de la Biblia acerca del uso y del abuso del vino, con un informe de los
correspondientes términos usados en las Escrituras hebreas y griegas, y
observaciones sobre las principales objeciones modernas, W. Kelly)
En esta obra erudita se podrá encontrar
un exhaustivo análisis de todos los términos originales que usa la Biblia con
referencia al vino y afines. El contenido es el siguiente:
CONTENTS
Introduction, — sin and its remedy
Estimate of each, by faith and by unbelief
The Teetotal system
The Gospel
Use and abuse of Wine in the Old and New
Testaments
General result of this review
Twofold division of Teetotallers
Scriptural argument of the extreme party
Scriptural argument of the moderate party.
Summary of the various words in the Bible
translated “wine,” etc., or connected therewith, and all their occurrences:
THE HEBREW OLD TESTAMENT.
§ 1. YAYIN ˆyiy'
§ 2. TIROSH v/ryTI
§ 3. CHAMAR rm't}
§ 4. SOVEH ab,si
§ 6. ASIS sysi[;
§ 6. MIMSAK Ësm]mi
§ 7. SHEKAR rk;ve
§ 8. SHEMARIM µyrIm;v]
§ 9. YEKEV bq<y<
§ 10. ASHISHEH ANAVIM µybig:[} yveyvia}
§ 11. DEVASH and MAMTAKKIM vb'D” and µyQiT'm]m'
§ 12. DEMA [m'D<
§ 13. CHOMETZ zm<to
THE GREEK NEW TESTAMENT.
§ 1. Oi'no”
§ 2. [Akrato”
§ 3. Gleu'ko”
§ 4. Eivkera
§ 5. Gevnnhma ajmpevlou.
Heresies linked with extreme Teetotalism:
II. — The atonement ridiculed
Conclusion